¿Alguna vez te has preguntado cuál es la explicación científica al fenómeno de información que se da en los trabajos de constelaciones familiares?   Rupert Sheldrake, un escritor, bioquímico y biólogo británico, se encargó de elaborar una hipótesis (la más revolucionaria de la biología contemporánea) Resonancia...

¿Sientes que a tus relaciones les falta armonía? Es posible que el origen de esto se encuentre dentro de los órdenes del amor. Y es que sea cual sea tu origen, todos pertenecemos a una familia que está conectada a través de vínculos. A la que amamos más allá de nuestra razón o nuestra conciencia, establecemos lealtades inconscientes hacia miembros de nuestro sistema familiar para sentir que pertenecemos al clan del que procedemos. Estas lealtades son las que nos hacen repetir una y otra vez los mismos patrones, aunque nos hagan daño y nos hagan sufrir de una manera absurda. Comprender los órdenes del amor y ponerlos en práctica cada día conseguirá que puedas empezar a vivir en sintonía con la vida.

El amor ciego

Cada uno de nosotros ha llegado a este mundo de la misma manera: de unos padres. No hemos aterrizado por arte de magia ni entregados con una cigüeña. Venimos a partir de la vida de alguien, lo que significa que nacemos vinculados. Este vínculo supone un intercambio, un equilibrio entre el dar y el recibir. Si este intercambio se desequilibra, el vínculo no puede mantenerse. Siempre y cuando sea entre iguales. Y es que el vínculo que nos une con nuestros padres no es de igualdad. Los padres dan, los hijos toman. Los padres, como llegaron antes, son más grandes. Los hijos, pequeños. Es la naturaleza y el origen de nuestra existencia como mamíferos gregarios que somos. Sin embargo, este equilibrio desigual tiende a romperse. Ocurre un día en el que el hijo decide devolver a los padres lo que de ellos recibió, como sintiéndose en deuda con ellos.  Haciendo esto los hijos toman un lugar que será más grande que sus padres. Entonces, el mensaje de “soy mejor que vosotros” o “mirad como lo hago, mucho mejor de lo que lo hacéis vosotros” rompe automáticamente el equilibrio natural. Los padres se sienten satisfechos de lo lejos que puede llegar un hijo, pero esto lo no puede hacer jamás más grande que ellos. Jamás podrá devolverles lo recibido, por lo que para mantener el equilibrio necesitará respetar su grandeza y mostrar gratitud. También puede ocurrir que el hijo se niegue a tomar, decidiendo ser autosuficiencia. Esto, por más que uno quiera, no puede ser posible: nunca puedes negar de dónde vienes. Si te fijas, estas condiciones son esenciales para experimentar el amor en tu vida: si no sabes recibir ni agradecer, no podrás amar. Así de sencillo. Cuando alguna persona de nuestras generaciones pasadas no ha podido recibir o agradecer, queda instalado automáticamente en lo que llamamos “alma familiar”. Si alguien fue excluido, ignorado o juzgado, causa un desorden con efecto de boomerang: alguien posterior llegará y sufrirá las consecuencias. Y nadie podrá encontrar explicación aparente a su “mala suerte”. Esto es lo que conocemos por amor ciego. Bert Hellinger lo llamó así, como fuerte lealtad al clan  familiar que nos lleva a repetir inconscientemente los mismos destinos trágicos:
  • No permitirse ser feliz porque sus padres han sido infelices.
  • Enfermarse por lealtad a los padres, porque asume en su inconsciente “mejor yo que tú”.
  • Rechazar a uno de los padres por guardarle lealtad al otro.
  • No encontrar pareja estable por querer cuidar a los padres.
  • Dar de más siempre en las relaciones de pareja para hacer sentir al otro pequeño.
Esta lealtad nos hace pagar desgracia con desgracia, compensando el sufrimiento anterior con el propio, viviendo su mismo destino.