herida emocional

¿Cómo puedes saber si tus heridas del pasado están afectando a tu presente?

¿Te ha ocurrido que, mientras sentías una profunda tristeza, has intentado sonreír para no preocupar a los tuyos? ¿Eres desconfiada por naturaleza, incluso cuando te demuestran que son personas en las que confiar? Probablemente, tus heridas emocionales estén manejando tu presente. Ese presente en el que te pones una máscara para solucionar tu dolor, ese que te hace sentir un gran vacío.

Vivimos en una sociedad en la que nos enseñan que el dolor hay que evitarlo. Esta creencia supone que la solución para nuestros recuerdos dolorosos es “pasar página”, sin resolverlos realmente. Pero nuestro subconsciente sabe que esa no es la solución: si la herida no está curada, te lo seguirá recordando cada vez que una emoción fuerte llegue a tu vida.

Si un hecho presente resuena en ti de una manera totalmente negativa, si hay algo que te remueve por dentro, revisa tus heridas emocionales. Te invito a que tomes conciencia de cómo afectan estas heridas emocionales a tu día a día y te explico cómo puedes detectarlas para empezar a sanarlas.

 

¿Qué son las heridas emocionales?

 

Las heridas emocionales son aquellas que te impiden avanzar hacia tus objetivos. Por más que intentes vivir plenamente en el presente y en todo lo bueno que te pasa, hay algo que te frena siempre.

Se producen normalmente cuando más indefensos somos. Tal vez en tu infancia cuando eras niña, cuando le entregaste el corazón por completo a otra persona o durante una crisis personal. Un suceso ocurre y te provoca una emoción fuerte. Puede ser el abandono de un padre, la traición de una pareja, la ofensa de un compañero de colegio o la falta de valoración por parte de aquellos que alguna vez fueron tus referentes.

Estas situaciones se grabaron dentro de ti con una finalidad: enseñarte a enfrentarte a ese tipo de sucesos y poder gestionar mucho mejor tus recursos cuando algo así te volviera a ocurrir. Pero en lugar de aceptar lo ocurrido, no supiste cómo manejar todas esas emociones. Y te guardaste todo ese dolor no gestionado bajo el nombre de herida emocional.

Cuando esta herida no se consigue cerrar por completo, se almacena en tu subconsciente. Todo ese dolor no resuelto queda guardado dentro de ti, a la espera de poder salir cuando menos te lo esperas. Es entonces cuando, tras un suceso intenso (que también puede ser aparentemente positivo, como volver a enamorarte), tu dolor almacenado reaparece. Las emociones que tenías asociadas a un momento como ese se activan de nuevo y sientes miedo por tu seguridad emocional. Y te estancas.

Si consigues gestionar bien tus heridas emocionales, aprenderás a realizar una correcta gestión de tus emociones y saldrás totalmente fortalecida de esa situación. El primer paso para esto es tomar conciencia de que tus heridas están ahí.

 

heridasemocionales

 

¿Cómo te afectan en tu día a día?

 

Ya sabes que si no gestionas correctamente tu herida, quedará bien guardada dentro de ti para salir en el momento menos esperado. Cuando tu mente asocia el presente con una situación de tu pasado, la herida se activa, desequilibrando tu vida.

¿Y sabes por qué ocurre esto? Porque tu mente busca rápidamente referencias pasadas para saber cómo actuar. Repetimos patrones que nos facilitan la vida, aunque estos patrones sean dañinos para nosotras.

Estos patrones nos acercan o nos alejan de nuestros objetivos y anhelos. No son más que verdades que se han de revisar de vez en cuando y tal vez en un pasado te resultaron útiles, pero que ahora ya no te sirven.  Si a veces no entiendes por qué te comportas así o te afectan tanto determinadas situaciones, tienes que mirar dentro de ti. Analiza tu pasado y busca tus heridas sin curar:

  • ¿Sientes desconfianza hacia la gente? Probablemente tienes una herida de traición en tu pasado sin resolver.
  • ¿Tienes una baja autoestima y muchos complejos? Mira entre tu pasado, tal vez te sentiste humillada hace algún tiempo.
  • ¿Tienes problemas para construir relaciones duraderas? Es probable que en el pasado te sentiste rechazada.
  • ¿Cada día te exiges más y más en todos los ámbitos de tu vida? Tu herida emocional puede estar bajo la máscara de una injusticia no resuelta.
  • ¿Eres muy dependiente e incluso sumisa? Tienes una herida de abandono guardada dentro de ti.
  • ¿Pierdes el control sobre ti misma fácilmente? Tu herida puede venir de una situación en la que te sentiste despreciada.

Estas situaciones pueden ayudarte a hacerte una idea acerca de cuáles son las heridas que están dejándote sin energía para llegar al lugar al que realmente tu quieres estar.

Toma acción frente a tus heridas emocionales

 

Para poder vivir con esa sensación de paz, de que por fin todo está bien, el primer paso ya lo estás dando: tomar conciencia de la importancia que tienen tus heridas emocionales en tu vida presente.

El siguiente paso es la aceptación de esas heridas. Seguir negando lo que sientes únicamente te anclará aún más en tu pasado. Poniendo atención plena en tus emociones y en su origen, conseguirás darte cuenta de la lección que realmente encierra ese suceso y te permitirá comenzar a cerrar ese ciclo.

Encerrarte dentro de ti misma tampoco es la solución. Sal ahí fuera, expresa tus sentimientos y emociones para liberarte. Puedes comenzar escribiendo un diario de emociones, hablando con alguna amiga o acudiendo a un profesional que te ayude a reflexionar y saber cómo actuar ante lo ocurrido.

Recuerda que estás aquí gracias a tu pasado. Has llegado hasta aquí gracias a las decisiones que tomaste a lo largo de tu historia. Cada momento que ocurre en tu vida tiene que sumar, y esto solo depende de tu propia gestión emocional.  

Ahora es el momento de cambiar tu enfoque y conseguir que esas heridas emocionales se conviertan en aprendizajes emocionales, que te sientas orgullosa de todo lo que has vivido porque por todo ello, hoy eres la extraordinaria mujer que está leyendo esto.   

 

Puedes descargarte mi guía gratuita para ayudarte a sanar las heridas del pasado, reconciliarte contigo misma y disfrutar de la vida que quieres.

 

Un abrazo

Mª José Sánchez

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